Esta mañana,
siguiendo la programación de visitas formativas programadas, hemos estado
conociendo el Patrimonio Histórico y Artístico del convento de Santa Rosalía. El
convento se funda en 1701 por la intermediación del arzobispo Jaime Palafox,
siendo su primera abadesa la hermana del arzobispo, Sor Josefa Manuela Palafox de
la Orden Franciscana Capuchina, que junto a otras cuatro hermanas venidas de
Zaragoza, fundaron esta comunidad. Tras la adquisición de diversas casas se
inician los trabajos para la construcción de este conjunto de unos
cinco mil metros cuadrados. La construcción completa, convento e iglesia, se
finalizaría hacia 1725 y la llevaría a cabo muy probablemente el arquitecto
Diego Antonio Díaz. Un incendio ocurrido en 1761 destruiría la iglesia, excepto
la portada, teniendo que ser reconstruida por Antonio Matías de Figueroa. Su
planta es de cruz latina de una sola nave y bóveda de cañón, mientras que el
amplio crucero se cubre con una bóveda baída rematada por una linterna ciega.
En su interior se pueden ver distintos retablos barrocos, todos ellos de
Cayetano da Costa, que confieren a este templo una decoración muy suntuosa, siendo el conjunto barroco mas importante de Andalucía. El
Retablo Mayor rococó se encuentra presidido por una bellísima Inmaculada y ambos lados
las imágenes de San Francisco y Santa Clara, destacando el rico y vistoso
policromado de los ropajes en contraposición con la sencillez y pobreza de la orden franciscana. En el remate aparece la imagen de Santa Rosalía. Es
destacable la pintura de la cúpula y de los testeros del presbiterio realizados por Juan de
Espinal. En el crucero se reúnen una serie de retablos, como el de San Francisco
Javier, o el de enfrente de Santa Teresa, ambos con un extraordinario remate, en
los pilares se sitúan otros cómo el dedicado a San José o el de la Virgen del
Pilar, existen otros de similares características en este crucero, destacando los
retablos de vitrina en los que se encuentran una serie de Niños Jesús. A media
altura de los pilares se sitúan cuatro hornacinas que albergan a cuatro santos
capuchinos franciscanos. Una vez que Emilio nos ha completado su amplia e
interesante información, como en él es habitual, hemos visitado el Museo
conventual, muy interesante en su conjunto, pero sin poder hacer las consabidas
fotografías, terminamos nuestra visita. Para finalizar simplemente recordarles
a todos, la obligatoriedad que tenemos de reservar plaza para las distintas
visitas del programa y así evitar el excesivo número de compañeros que han
aparecido sin esa reserva, que prácticamente han colapsado el recorrido ya que
hemos sido en total ochenta personas, demasiadas para poder realizar la visita,
como se ha visto en la realizada al museo, que se ha tenido que hacer en dos
turnos.